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La ecografía es una técnica que permite la visualización del feto y su entorno (placenta, líquido amniótico, etc.), y puede ser practicada por vía vaginal y/o abdominal, según época de la gestación u otras condiciones. Las ecografías no producen ningún daño al embrión o al feto.

En un embarazo normal, o de bajo riesgo, se suelen hacer tres ecografías:

ecografias-embarazo

• la primera ecografía entre la 11 y 14 semana de embarazo, con el objetivo de ver si hay uno o más embriones y si están vivos, confirmar el tiempo aproximado de embarazo, y medir la transluscencia nucal (también llamada pliegue nucal o edema nucal), que es un acúmulo de líquido en la zona de la nuca del embrión y que si está muy aumentada puede ser indicativa de alteraciones embrionarias, muchas veces cromosómicas.

• La segunda ecografía alrededor de la 20-22 semana de embarazo, cuyo principal objetivo es detectar anomalías morfológicas físicas en el feto.

La tercera ecografía entre la 32 y 36 semana de embarazo, que nos informará, principalmente, de cómo es el crecimiento fetal, la posición de la placenta y la cantidad de líquido amniótico.

No obstante, para cada mujer y según las condiciones de cada embarazo, tu médico o  ecografista, determinarán la necesidad de realizar o no más exploraciones.

¿Qué detecta la ecografía?

La ecografía permite detectar la existencia de posibles malformaciones en el feto, lo que además, puede facilitar la detección de otras anomalías congénitas (alteraciones cromosómicas, enfermedades metabólicas o genéticas). Sin embargo, para diagnosticar las alteraciones genéticas será necesario realizar pruebas invasivas (amniocentesis, biopsia corial o cordocentesis). Un resultado normal del estudio ecográfico no garantiza que el niño nacerá sin alteraciones.

La precisión de la ecografía depende de varios factores: la época de la gestación (es más fiable en la segunda mitad del embarazo), el tipo de anomalías (algunas es muy difícil verlas o no se pueden ver), de las condiciones de la mujer (ejemplo: la obesidad y la escasez de líquido amniótico hacen que las imágenes obtenidas sean de peor calidad), la propia posición fetal, etc. Aproximadamente, como media, la ecografía es capaz de detectar dos de cada tres anomalías fetales.

En algunos casos la detección de anomalías puede ser tardía (infecciones fetales, algunas anomalías digestivas, obstrucciones urinarias o intestinales, displasias esqueléticas, tumores, cardiopatías) ya que tales alteraciones se originan y/o manifiestan en una etapa avanzada de la gestación.

La ecografía, aunque orienta sobre la condición fetal, no vale por si sola un para asegurar el bienestar fetal.

Fuente: SaludMadrid

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