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Una vez el espermatozoide entra en el núcleo central del óvulo, las dos células quedan unidas. Las dos series de cromosomas, 23 del hombre y 23 de la mujer, forman una sola célula de 46 cromosomas llamada cigoto. En este momento comienza una nueva vida. Todo este proceso desde el acto sexual hasta la formación del cigoto dura unas doce horas.

cigoto

Después de esto una hormona llamada gonadotropina coriónica humana se libera en cantidades muy pequeñas que dan la señal de que la mujer está embarazada. Esta señal estimula un aumento del flujo de las hormonas femeninas, estrógeno y progesterona, necesarias para hacer posible el embarazo. La envoltura del folículo abandonada por el óvulo se transforma en un cuerpo lúteo que produce más hormonas; y la mucosa del útero continúa creciendo en lugar de empezar el proceso degenerativo de la menstruación.

La nueva vida se va desarrollando rápidamente. En unas horas la célula única se divide una y otra vez, produciendo primero dos células, luego cuatro, luego ocho, y así sucesivamente hasta convertirse en una verdadera masa de células, más compacta. Ese racimo de células se llama mórula.

morula

De esta forma queda formado el cigoto en la mitad superior de la trompa de Falopio. Durante una semana descenderá lentamente hacia la pared del útero de donde será arrastrado por corrientes de flujo y contracciones musculares.

Cuando pasa una semana de la fecundación el endometrio alcanza su mayor densidad. Y la nueva vida ha consumido ya gran parte del alimento con el que había comenzado. Por eso adsorbe el alimento que le proporciona la pared uterina. Es posible que en ese momento la madre pueda tener un pequeño manchado de sangre procedente de la vagina, llamado hemorragia de implantación.

Una vez implantado recibe el nombre de blastocisto, y es una esfera hueca y llena de fluido. Las células empiezan a especializarse y uno de los grupos contiene las que han de transformarse en embrión. En la periferia, otras células tienen la misión de implantar y nutrir al embrión. Son las células trofoblásticas.

Estas células tienen la propiedad de digerir otros tejidos con los que entran en contacto. Los trofoblastos destruyen las células del endometrio y las paredes de sus diminutos vasos sanguíneos. El contenido y la sangre de las células nutren al blastocisto y su nido.

Esas vellosidades flotantes empiezan a servir ahora de pulmones y órganos digestivos. De la madre toman oxigeno, aire y sustancias alimenticias simples, como azúcar y calcio; por otro lado eliminan los desechos del feto. La barrera existente entre ellos es permeable, pero la circulación del feto y la de la madre no se mezclan nunca.

Pronto empieza a desarrollarse un tejido, una membrana que rodea la cápsula; después se forma una segunda membrana más fuerte. El espacio que queda entre las dos membranas se llena de líquido. Es el saco de líquido amniótico en el que el feto flotará y se moverá durante unos nueve meses.

Mientras, el trofoblasto y las células maternas del tejido uterino se unen para formar la placenta, que nutrirá al feto a través del cordón umbilical, llevando oxigeno y alimento de la placenta al feto y elimina los productos fetales de desecho a través del sistema excretorio de la madre.

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