hormonas gestacion

Las hormonas son sustancias químicas que circulan en la sangre de los hombres y las mujeres. Llevan mensajes a diferentes partes del cuerpo, regulan ciertas actividades y causan algunos cambios. Las hormonas femeninas, estrógenos y progesterona, controlan muchos de los acontecimientos del ciclo menstrual de la mujer, tales como la liberación del óvulo desde el ovario y el engrosamiento de la mucosa del útero.

Durante el embarazo, los niveles hormonales cambian. Tan pronto como se ha concebido, la cantidad de estrógeno y progesterona en la sangre aumenta. Esto actúa en el revestimiento del útero para aumentar el suministro de sangre, los senos aumentan y los músculos del vientre se relajan para hacer espacio al bebé en desarrollo.

El aumento de los niveles hormonales afectan a tu estado de anímico y físico. Puedes tener cambios de humor, sentirte llorosa o irritarte con facilidad. Durante un tiempo, puedes sentir que no puedes controlar tus emociones, pero estos síntomas deben disminuir después de los tres primeros meses de embarazo.

Hormonas responsables de la gestación

lista nacimiento

  • Gonadotropina coriónica humana. Segregada por las membranas placentarias y es la primera en hacer acto de presencia ya que es la sustancia que detectan los tests de embarazo a partir de los ocho días después de la fecundación e interviene hasta la semana doce. Su trabajo es impedir rechazo del embrión. Actúa sobre los ovarios, eliminando la menstruación y produciendo progesterona. Esta hormona es la culpable de las náuseas y mareos de los primeros tres meses.
  • Lactógeno placentario. La hormona galactógena placentaria (HGP) es secretada por el sincitiotrofoblasto (uno de los tejidos del trofoblasto, futura placenta). Es detectable en la sangre materna a partir de la tercera semana de embarazo. Una de sus funciones es proporcionar al feto un suministro suficiente y constante de energía en forma de glucosa. También ayuda a preparar los pechos para la lactancia estimulando el crecimiento y la diferenciación de la glándula mamaria.
  • Prolactina: La prolactina es segregada por la hipófisis y su nivel aumenta progresivamente hasta ser de 5 a 10 veces mayor al final del embarazo. Las células glandulares de los pechos comienzan entonces a segregar calostro, un líquido muy nutritivo que alimentará al bebé durante sus primeros días de vida, antes de la subida de la leche.
  • Progesterona. La función de la progesterona es preparar el revestimiento uterino para la implantación. Si no hay fecundación, el cuerpo lúteo retrocede y deja de segregar progesterona. Este descenso brusco provoca el desprendimiento del revestimiento uterino, es decir, la menstruación.

    En caso de embarazo, el cuerpo lúteo segrega progesterona en cantidad hasta la 9ª-10ª semana. En el cuarto mes, la placenta toma el relevo. Tres cuartas partes de la progesterona placentaria se metabolizan en el cuerpo de la madre, y la cuarta parte restante en el feto.

    Al provocar una relajación de todos los músculos lisos, la progesterona permite que el bebé permanezca en el músculo uterino durante todo el embarazo. También tiene un efecto descontracturante en las paredes venosas, lo que permite al organismo adaptarse a la hipervolemia fisiológica (aumento del volumen sanguíneo) durante el embarazo. Este efecto descontracturante da lugar a diversas molestias menores: estreñimiento por la lentitud del tránsito, reflujo ácido por la lentitud del vaciado gástrico, disminución de la presión arterial, mal retorno venoso, etc.

    La progesterona también ayuda a preparar los pechos para la lactancia al favorecer la expansión de las glándulas mamarias. Junto con los estrógenos, inhibe la lactancia durante el embarazo al bloquear la acción de la prolactina en la glándula mamaria. Parte de la progesterona también es utilizada por el bebé para producir otras hormonas como la adrenalina y la testosterona.

    Al final del embarazo, bajo el efecto de una hormona segregada por la hipófisis del bebé, el nivel de progesterona desciende bruscamente. El efecto relajante desaparece y las fibras musculares del útero pueden entonces contraerse durante las contracciones.

  • Estrógenos. Al principio del embarazo, los estrógenos son secretados por el cuerpo lúteo. Después de la 8ª semana, la placenta se convierte en la principal fuente de estrógenos maternos, en particular el estriol. El bebé también interviene en la secreción de estrógenos: las glándulas suprarrenales del feto producen una hormona andogénica que, al circular por la placenta, se transforma en estrógenos.

    El estrógeno también tiene un efecto relajante en los distintos tejidos del cuerpo y favorece el crecimiento del útero. Aumentan la frecuencia y el gasto cardíaco, así como el gasto circulatorio y la contractilidad del miocardio. Al igual que la progesterona, ayudan a preparar los pechos para la lactancia. El estriol provoca la síntesis de prolactina, la hormona galactógena.

    Los estrógenos podrían ser responsables de la aparición de náuseas durante el embarazo al provocar una hipersensibilidad del sentido del olfato. Pero también tienen su lado bueno: un cutis radiante, una piel bien hidratada, un cabello sedoso.

  • Oxitocina: La oxitocina aumenta a medida que avanza el embarazo. En las últimas semanas, es segregada por las glándulas pituitarias de la madre y del feto. Su papel en la inducción del parto es discutido: se cree que la oxitocina tiene un papel regulador pero no inductor. Durante el trabajo de parto, su secreción es periódica y breve y la frecuencia de los picos aumenta a medida que avanza el trabajo de parto, con un nivel máximo durante la fase de expulsión. Después del parto, la oxitocina contribuye a la involución uterina ayudando a la retracción del útero.

    La oxitocina se utiliza en forma sintética y por vía intravenosa para inducir artificialmente el parto o para reforzar y regular las contracciones. Después de la expulsión, se utiliza para limitar el riesgo de hemorragia en el parto.

    La oxitocina, a menudo denominada "hormona del apego", se cree que favorece el apego entre la madre y el bebé. Durante la lactancia, también desempeña un papel fundamental en la facilitación de la expulsión de la leche.

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